lunes, 24 de agosto de 2009

Romper

Muchas fueron las veces en que gigantescos edificios se derrumbaron sobre mí intentando aplastar mis sueños. Muchas fueron las veces en que fui ametrallado por soldados vestidos de familiares, que suelen cargar sus lenguas con comentarios acabados en lanza. Muchas fueron las veces en que enormes murallas se esforzaban por destrozar mi conciencia, y en que albañiles con mascaras amistosas se esforzaban por hacerlas más altas. Muchas fueron las veces en que volvió a mis sienes el temblor de mil bombas cayendo sobre mi alma. Y muchas fueron las veces en que cuatro paredes estrangularon mis esperanzas.

Muchas fueron las veces en que fuerzas titánicas de gigantescos huracanes intentaron desterrarme de mí mismo. Muchas fueron las veces en que el mar embravecido de mis ilusiones intentó tornarme un náufrago. Muchas fueron las veces en que el dolor de las llamas que quemaban mi corazón apresó mis ganas de seguir caminando sitiando mis pasos. Muchas fueron las veces en que el cansancio agotó la lucha por escapar de desiertos enteros de arenas movedizas. Muchas fueron las veces en que el temblor bajo mis pies abrió cañones enteros en la tierra de mi futuro. Y muchas fueron las veces en que montañas, rascando las nubes, me barraron la visión de mi horizonte.

Y mi piel demuestra con sus quemaduras el daño que he sufrido. Y mi cuerpo muestra con mil heridas marcas de garras deseosas de hacer daño. Y mis manos muestran las arrugas de una corta vida cargada de desengaños. Y mi lengua enseña la cola de esa víbora negra que intentaron hacer crecer en mí. Y mis ojos muestran la oscuridad aparente de mi interior. Y mi voz desgarra hoy el viento, cortando el tiempo, quebrando tierras y partiendo en dos todos y cada uno de los corazones de este mundo, demostrando al universo entero cuántas veces me han derribado, y cuántas veces voy a seguir levantándome.

Será quizás porque mis palabras siempre han resonado contra el frío e impenetrable muro que tengo delante. Quizás porque mis sueños siempre se han ido volando por las rejas que agotan mi destino. Será talvez porque mis ilusiones siempre han muerto tratando de luchar contra los grilletes que hoy me condenan. O quizás porque nadie jamás se interesó en buscar el tesoro encerrado más allá de ese par de pupilas marrones que hoy brillan a contraluz. Talvez será porque jamás oí a mi corazón latir tan fuertemente. Quizás será porque mis lágrimas jamás han valido tan poco. O quizás porque nadie jamás me escuchó gritar de esta forma.

Pero por fin las estrellas me dijeron claramente que mi vida valía lo que el reflejo de su luz sobre el mar. Por fin el fuego me explicó que mi vida valía lo que el calor de sus llamas. Por fin el pájaro me dijo que mi vida valía lo que su canto en una mañana de frío. Por fin la lluvia me susurró que mi vida valía lo que la sequía bañándose en sus gotas. Por fin el cielo me enseñó que mi vida valía lo que su azul oculto tras el gris de las nubes. Por fin el viento me cantó que mi vida valía lo que el baile de las hojas que mueve. Por fin la Luna me chilló que me quería. Por fin el Sol.

Y fue como el éxtasis mágico que desencadenó mis manos. El grito sordo que nadie escuchó hasta entonces fue silenciado por un huracán de colores. El tesoro que aguardaba en mi interior había sido abierto y ahora el cofre de mis sueños repartía libremente su contenido a toda la belleza que se le ofrecía delante. No habían paredes, no habían grilletes, sólo el deseo indomable de redescubrir mis pasiones y conquistar mis metas. No habían gritos desesperados y cargados de deseos de herirme retumbando en mi cabeza. No veía esos pequeños puntos del cielo recordándome lo efímera de mi vida. No existían esas miradas extrañas que se clavaban como puñales. Y ahora el Sol me recordaba que aquí nadie era juzgado ni por raza ni color, ni por moda, si no había miedo en tus actos. Si lo que deseabas, era vivir.

Ahora que, acompañado únicamente de un susurro acogedor, el viento me empujaba a realizar mis sueños. Ahora que las montañas me invitaban a alcanzar las nubes. Ahora que el desierto me abría las puertas de sus oasis. Ahora que nadie se escondía tras la oscuridad. Ahora que nadie me teñía del color del dolor. Ahora que sale el Sol en el horizonte de mi futuro.

Ahora vuelo sobre las miradas con recelo de los que quisieron matarme. Y quién sabe cuánto tiempo resistirán mis alas.

[Wahrheit]

2 comentarios:

  1. Buaaaa, que fuerte!
    Para mi toda esa explosividad, son las crisis que provocan grandes catàrsis, es como una de esas noches negras del alma, que llegan de improviso después de grandes represiones, pero todo lo que pasamos es provocado por nosotros mismos, a fín de un nuevo renacer, una nueva resurrección para seguir mirando con unos nuevos ojos la immensidad.
    Un abrazo

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  2. La vida es una lucha constante, y casi siempre los mayores comtratiempos, nos llegan de personas cercanas, causando en nosotros un efecto demoledor, al cual tenemos que plantar cara, y renacer de nuestras cenizas, para salir vencedores, y disfrutar del placer de vivir.

    Mágnifico escrito.

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