domingo, 24 de enero de 2010

Te siento

Me siento flotar en un mar de sueños, diferente y lleno de una plenitud exquisita, como el blanco de la nube que vaga sola por la infinidad azul de un cielo de verano. Mis ojos brillantes y mis labios sonrientes sólo son los traductores de miles de impulsos eléctricos que, a cada segundo, bombardean mi cerebro con ideas que llevan ese escalofrío hasta el último extremo de mi cuerpo. Puedo incluso ver la llamarada, rubí ardiente, que está recorriéndome entero y llevando el calor de tus besos al rincón más olvidado de mi memoria. Cada pensamiento es una realidad ficticia, una locura olvidada que nunca perderá la ilusión de cumplirse. Cada caricia imaginada es un huracán de emociones que revoluciona todo mi interior. Mi corazón pierde la cuenta de sus latidos y, descontrolado, busca en tu pelo el viento que le falta. Mis manos, temblorosas y heladas, van en búsqueda de las tuyas entre un mar de juguetonas ilusiones censurables. Mis ojos se alienan y van a pedir explicaciones a una conciencia que hace tiempo que está en tus pupilas. Mis sueños me hablan y me gritan y dentro de mi cabeza tengo el susurro incesante de tu voz. El estómago se contrae y miles de semillas empiezan a florecer entre mi piel y tus caricias, dando lugar al único espectáculo que obliga a los árboles a tapar con sus hojas sus mejillas sonrojadas. El tiempo se para y mis dedos se vuelven las saetas de los relojes que controlan nuestros segundos, cada vez más y más lento, disfrutando del momento. Tu olor embriaga mis sentidos y me devuelve una respiración entrecortada que hacía tiempo que buscaba el apoyo de tu aliento. Tu sabor explota por momentos en mi boca, y mi lengua, insaciable, recorre tu cuerpo, reforzando sus energías antes de la crueldad de la soledad que está por venir. Mi cuerpo camina sobre el tuyo, explorándolo, recordando cada centímetro y cada milímetro de una piel inolvidada. El frío y el calor son una tormenta en nuestro interior y nuestras miradas en silencio son el combustible que alimenta nuestros deseos. Una caricia es la excusa. Un beso es mi alma. Las gotas de sudor caen encima nuestro y se juntan entre los labios de quién ahora es una sola persona. Todos los sentidos se vuelven música celestial que suena al compás de los dos y desgarra el mundo exterior en forma de gemidos y arañazos. Las cuatro paredes que nos aprisionan parecen reducirse a nuestros cuerpos. La distancia entre nuestras manos se comprime y ese universo, que ambos sabemos que está hecho exclusivamente para nosotros, explota en un arco iris de colores y de fantasías.

Y es entonces cuando contemplo el increíble escenario de la noche iluminada por tus estrellas. Es entonces cuando puedo ver tu cuerpo colgado del firmamento, increpando en mis pensamientos, incitándome a volver a recorrer el cielo hasta tus besos, rompiendo esa distancia que nos separa durante todo este tiempo, iluminando mis miedos, marcándome el camino más corto a seguir hasta tus pies. Reventando cualquier duda entre los bostezos de un Sol que ya nace iluminando tu cara durmiendo.

Porque jamás sentí a nadie tan cerca de mi corazón y de mi alma. Todo eso siento cuando me dices ‘Eu te amo’.

Ya estoy llegado…

[Wahrheit]