Y si mis huellas, hoy, describen un pasado confuso y desecho, no es por otro motivo que el que confusión y rabia hayan sido mi norte todos estos años. Así como una dolorosa espina clavada directa al corazón en vísperas de un sueño, la que siempre me hicieron conocer como madre, mi tierra, me ha impuesto una realidad que ha tornado en polvo el gran muro de hormigón que había intentado levantar. Las calles de Barcelona y los paisajes de Cataluña han alumbrado muchas veces mi visión y aun hoy en día contienen mis fantasías más infantiles entre sus idílicas vistas y sé que perdurarán como una quemadura imborrable en el recuerdo de lo que pudo haber sido. Y aunque amo el tacto de esta tierra y suelo desear encontrar de nuevo ese mestral que me haga danzar a su son, el recelo que cría esta tierra en mí es demasiado grande para seguir conteniéndolo.
Cada segundo que persisto aquí es un tropiezo más en mi camino lleno de caídas. Es apartar la vista a un futuro inminente. Pisando mis propios pasos, hundiéndome aún más en este negro cieno que tanto me hace pesar mis alas. Soy consciente que la mancha imborrable que deja en mi corazón cada vez es más grande y que necesito partir inmediatamente si no quiero tener que plantar cara a esos fantasmas que hacen aumentar mi miedo a cada centímetro que se acercan a mi espalda sus pasos amenazantes. Fantasmas vestidos de rutina y encadenados por las cadenas del odio. Fantasmas del futuro.
Y tú, patria. Nunca escuchaste lo que decía sino lo que quisiste oír. Jamás te consideré mi madre y lo siento, pues no supiste serlo. Pues aunque tus ojos me vieron nacer, tu corazón jamás lo hizo. Jamás te interesante por conocer la felicidad de tu hijo más que por hacerle otro más. Mi patria, hoy reniego de ti. Me marcho a conocer mi verdadero hogar: El mundo. Y a poner timón rumbo al este, al encuentro de cada amanecer, en busca de mi propia historia, escribiéndola con la tinta de mis emociones sobre cada ola y cada gota de lluvia que mojen mis futuros retos. Y poder cantar a la vida que soy tan libre como el aire y que en mis sueños no hay frontera alguna que arrecie mis ganas de vivir.
Y soñar en Vanuantu. Y volar en Sri Lanka. Y pensar en el Nepal. Y violar el Everest. Quiero ser el ser más grande y el más pequeño a la vez. Quiero nadar como un pez, en mil aguas indomables, que vayan a morir a Suez desde el océano más grande que surcaré en mi vejez. Y quiero amar en Borneo. Y conquistar el Amazonas. Quiero pisar el mundo entero y navegar todas sus olas. Poder rugirle a todo el mundo con un grito de hermandad, aun a sabiendas que su odio les pueda hacerme disparar. Quiero que toda la humanidad, me condene único culpable, por decidir cómo y dónde nacer, quiero que así me den motivos para afirmar que hice bien en escaparme.
Y tú, mí amado compañero de viaje. Quiero que compartas mi testimonio del mundo. Quiero escucharte, caminante, tú que conmigo vas abriéndote paso por esta selva llamada vida, creando así tu propio sendero y adivinando tu destino. Ahora que, nuestros caminos se han cruzado, quiero sentir tu historia, y que tú oigas la mía. Quiero fundir tu historia con la mía y quiero que formes parte del recuerdo imborrable de mi vida. Quiero que seas una parte de mi alma y que en las escrituras que forjen mis aventuras, en un futuro, se entrelacen con las tuyas. Al igual que lo harán al final de mis días con el mismo puerto y la misma Luna que un día me vio nacer.
Ahora que nuestros caminos se han vuelto a encontrar tras el sonido de tus olas, ahora quiero que sepas que nunca te olvidé y que jamás me he marchado. He seguido teniendo a cada instante un pequeño trocito de ti guardado en mis entrañas y el eco de mi bastón en los fríos y oscuros muros del Barrio gótico me recuerdan que tú has hecho lo mismo. He vuelto para amarnos otra vez. He vuelto para abrazarnos y escucharnos. Cuéntame tu historia, Barcelona, tanto que has cambiado, que yo te contaré la mía. Y aunque mi noción del tiempo se perdió con los vientos alisios, sé que he vuelto por poco tiempo. He vuelto para marcharme, Barcelona. Y esta vez mucho más lejos de lo que yo desearía. Llora ahora, mundo entero, madre, sendero que marcaron mis pasos, historias que compartí contigo en mi camino, por el hijo que se va y que siempre podrás recordar entre atardeceres en el Parc Güell y atardeceres por la Barceloneta, entre sonidos de fantasmas del futuro de lo que pudo ser y no fue. He sido feliz en esta vida, mamá. Descanso en paz a tu lado.
[Wahrheit]
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario