Muchas fueron las veces en que gigantescos edificios se derrumbaron sobre mí intentando aplastar mis sueños. Muchas fueron las veces en que fui ametrallado por soldados vestidos de familiares, que suelen cargar sus lenguas con comentarios acabados en lanza. Muchas fueron las veces en que enormes murallas se esforzaban por destrozar mi conciencia, y en que albañiles con mascaras amistosas se esforzaban por hacerlas más altas. Muchas fueron las veces en que volvió a mis sienes el temblor de mil bombas cayendo sobre mi alma. Y muchas fueron las veces en que cuatro paredes estrangularon mis esperanzas.
Muchas fueron las veces en que fuerzas titánicas de gigantescos huracanes intentaron desterrarme de mí mismo. Muchas fueron las veces en que el mar embravecido de mis ilusiones intentó tornarme un náufrago. Muchas fueron las veces en que el dolor de las llamas que quemaban mi corazón apresó mis ganas de seguir caminando sitiando mis pasos. Muchas fueron las veces en que el cansancio agotó la lucha por escapar de desiertos enteros de arenas movedizas. Muchas fueron las veces en que el temblor bajo mis pies abrió cañones enteros en la tierra de mi futuro. Y muchas fueron las veces en que montañas, rascando las nubes, me barraron la visión de mi horizonte.
Y mi piel demuestra con sus quemaduras el daño que he sufrido. Y mi cuerpo muestra con mil heridas marcas de garras deseosas de hacer daño. Y mis manos muestran las arrugas de una corta vida cargada de desengaños. Y mi lengua enseña la cola de esa víbora negra que intentaron hacer crecer en mí. Y mis ojos muestran la oscuridad aparente de mi interior. Y mi voz desgarra hoy el viento, cortando el tiempo, quebrando tierras y partiendo en dos todos y cada uno de los corazones de este mundo, demostrando al universo entero cuántas veces me han derribado, y cuántas veces voy a seguir levantándome.
Será quizás porque mis palabras siempre han resonado contra el frío e impenetrable muro que tengo delante. Quizás porque mis sueños siempre se han ido volando por las rejas que agotan mi destino. Será talvez porque mis ilusiones siempre han muerto tratando de luchar contra los grilletes que hoy me condenan. O quizás porque nadie jamás se interesó en buscar el tesoro encerrado más allá de ese par de pupilas marrones que hoy brillan a contraluz. Talvez será porque jamás oí a mi corazón latir tan fuertemente. Quizás será porque mis lágrimas jamás han valido tan poco. O quizás porque nadie jamás me escuchó gritar de esta forma.
Pero por fin las estrellas me dijeron claramente que mi vida valía lo que el reflejo de su luz sobre el mar. Por fin el fuego me explicó que mi vida valía lo que el calor de sus llamas. Por fin el pájaro me dijo que mi vida valía lo que su canto en una mañana de frío. Por fin la lluvia me susurró que mi vida valía lo que la sequía bañándose en sus gotas. Por fin el cielo me enseñó que mi vida valía lo que su azul oculto tras el gris de las nubes. Por fin el viento me cantó que mi vida valía lo que el baile de las hojas que mueve. Por fin la Luna me chilló que me quería. Por fin el Sol.
Y fue como el éxtasis mágico que desencadenó mis manos. El grito sordo que nadie escuchó hasta entonces fue silenciado por un huracán de colores. El tesoro que aguardaba en mi interior había sido abierto y ahora el cofre de mis sueños repartía libremente su contenido a toda la belleza que se le ofrecía delante. No habían paredes, no habían grilletes, sólo el deseo indomable de redescubrir mis pasiones y conquistar mis metas. No habían gritos desesperados y cargados de deseos de herirme retumbando en mi cabeza. No veía esos pequeños puntos del cielo recordándome lo efímera de mi vida. No existían esas miradas extrañas que se clavaban como puñales. Y ahora el Sol me recordaba que aquí nadie era juzgado ni por raza ni color, ni por moda, si no había miedo en tus actos. Si lo que deseabas, era vivir.
Ahora que, acompañado únicamente de un susurro acogedor, el viento me empujaba a realizar mis sueños. Ahora que las montañas me invitaban a alcanzar las nubes. Ahora que el desierto me abría las puertas de sus oasis. Ahora que nadie se escondía tras la oscuridad. Ahora que nadie me teñía del color del dolor. Ahora que sale el Sol en el horizonte de mi futuro.
Ahora vuelo sobre las miradas con recelo de los que quisieron matarme. Y quién sabe cuánto tiempo resistirán mis alas.
[Wahrheit]
lunes, 24 de agosto de 2009
miércoles, 5 de agosto de 2009
O Sol
-¿Alguna vez te habías fijado en lo pequeños que somos?
-¿Qué? ¿A qué te refieres?
-Mira delante de ti.
-¿El atardecer? Sí, es muy bonito pero no entiendo qué tiene que ver con…
-Mira esa ardiente esfera gigante. Cada día vuelve, puntual, a iluminar nuestros caminos y a calentar nuestras vidas. Cada día, sin que nadie la llame, aparece en nuestros cielos y llama a la puerta de nuestro mundo…y nosotros siempre se la dejamos abierta, para que pase a voluntad y nos despierte con sus rayos. Y mientras nace, como si de un frasco de tinta se tratara, va manchando y difuminando su color por ese gran mar azul que tenemos sobre nuestras cabezas. Ese gran mar al que nosotros nos es imposible llegar por nuestra propia naturaleza, el que ni siquiera podemos tocar, y que sin embargo él cada día desgarra con su rubí brillante. Es un misterio aún por descubrir, oculto, en las profundidades de ese gran océano que hay encima de nosotros, se encuentra solo y abandonado, flotando, como si agarrado por unos hilos invisibles que no le dejan ir, estuviera. Ni nuestro enorme Sol ha sido capaz jamás de liberarse de esos grilletes que le hacen ser, precisamente, lo que es. No ha sido capaz jamás de arrancar esos hilos que, por naturaleza, le hacen someterse a las leyes a las que todos estamos atados. Y, sin embargo, aunque enorme y vital para nosotros, ahí fuera el Sol no está solo. Millones de puntos de luz le acompañan, como ojos observándose unos a otros en la inmensa oscuridad del espacio, recordándole a nuestra luz redentora que es tan insignificante y pequeña como cualquiera de sus otros billones de hermanas que iluminan a su vez el camino de tantos trillones de posibles corazones a millones de años luz de distancia de este pequeño mundo.
-¿Y porqué somos pequeños? Hemos desarrollado una tecnología nunca vista en el planeta Tierra ni posiblemente en el universo. Cada día la medicina y la ciencia genética avanzan pasos agigantados en sus campos y pronto ninguna enfermedad será un problema para el ser humano. Además es la primera vez conocida que estamos descifrando por completo la historia de nuestro mundo, incluso desde la creación de nuestro universo. ¡Hasta hemos llegado a la Luna y seguro que muy pronto a Marte!
-El ser humano es pequeño por la oscuridad que hay en su interior, por su miedo. El miedo a perder lo que más valoramos en esta vida, sea nuestra familia o sea un puñado de monedas, nos hace movernos día a día y tomar decisiones que jamás deberíamos tomar. El tipo más rico y más presuntuoso del mundo puede que sea el tipo más miedica que existe sobre la faz de este planeta. No es capaz de enfrentarse al espejo y mirarse tal y como es, es por eso que tiene que esconderse tras un Smoking y un Mercedes-Benz, tiene miedo a sí mismo, y aunque lo intente, y muchas veces consiga que alguna gente no pueda ver más allá de su máscara, una flor no podrá nunca ocultar su perfume, así como muchas personas olemos su miedo a kilómetros de distancia. Pero no hace falta tener un Mercedes para guiarse por el miedo, pues todos nosotros lo hacemos día a día. ¿Cuál es tu mayor miedo? ¿Aquello que inunda de oscuridad tu corazón con el simple hecho de imaginarlo?
-Quedarme sola. No sola físicamente, sino el hecho de verme entre millones de personas y no tener un solo familiar, un solo amigo, un solo hombro en donde poder caer rendida…una sola mano que me ayude a levantarme.
-¿Acaso tiene miedo el Sol a brillar con toda la fuerza que le da la naturaleza? ¿Acaso tiene miedo el árbol a crecer hasta el cielo para rozar los calurosos rayos en invierno? ¿Tiene miedo acaso a caer el pájaro que vuela rozando las nubes? ¿Y por qué tenemos nosotros, a diferencia del Sol que nos marca el camino, miedo a brillar con toda nuestra fuerza interior? No sé quien puso al Sol donde está, ni quién ató los hilos que nos hacen ser como somos, pero estoy seguro que la inteligencia, si es que nos fue dada, cayó en nuestras manos para poder contemplar y disfrutar de esta realidad que se nos ofrece. Estoy seguro de que envolverse en una telaraña y cerrar los ojos, ocultándose tras un rifle, por el miedo a observar la belleza de la inmensidad del universo, es el instinto más antinatural que poseemos. Sentirnos solos nos aterra porque necesitamos saber que tendremos un abrazo cuando lo necesitemos, porque necesitamos sentir el calor del cariño de quien permanece a nuestro lado. Sé que si mañana me desvaneciera, y por muy negros que se tornasen vuestras almas, y por muchas lágrimas que brotasen de vuestros ojos; el Sol seguiría saliendo, manchando de luz como cada día los campos de flores primaverales. Pero si se apagara el Sol, dime tú, ¿cuántas vidas se apagarían? Todo lo que hasta entonces se había despreciado por ser común sería ahora el recuerdo imborrable de la belleza que se desvaneció. El augurio del final próximo sacaría una parte de nosotros totalmente desconocida. Todos nuestros recuerdos, nuestras promesas, nuestras ilusiones y miedos se esfumarían en poco tiempo, y sin embargo…volveríamos a mirar al cielo justo antes de marchar, como lo hicimos al nacer hace miles de años, para observar esos ojos brillantes que han estado contemplando nuestras vidas desde hace tanto tiempo. Y mientras nosotros nos esforzaríamos por demostrarnos, tan cerca del abismo como estaríamos, lo importantes que somos los unos para los otros, esos puntos de luz nos recordarían indudablemente lo insignificantes que somos.
- …
-Y ahora aquí, observando como el Sol se marcha durante unas horas, manchando con sus colores el horizonte, como si se aferrara a nuestro planeta y no quisiera dejar de iluminarnos, diciéndonos con los últimos rayos del día que volverá muy pronto; me pregunto, ¿Dónde están esas pequeñas luces que cada día se esfuerzan por demostrarme lo pequeño e insignificante que soy para ellas? ¿Qué es lo que tanto miedo les provoca que les hace ser capaces de sentir odio e ira por algún otro corazón? ¿Quién les ha tapado los ojos para que no pudiesen ver la belleza de su alrededor? ¿Acaso hemos sido nosotros mismos? ¿Acaso eres tú una de esas luces que tan pequeño me hacen?
-No…
-Prefiero pensar que eres como el Sol que me alumbra cada día. Inmensa y colgada en tus defectos, atrapada en tu belleza en la que me baño a cada segundo. Prefiero mirar de frente a esas estrellas y reírme de su aburrida y monótona vida que nos hace pensar que somos insignificantes. Prefiero pensar en lo grande que eres y no en las pequeñas y lejanas luces que me intentan decir lo pequeño que soy. Prefiero mirarte a los ojos y dejar de sentir el miedo a perder la luz de mi camino, porqué sé sin duda alguna que mañana volverás a aparecer en mi horizonte tiñendo mi inmenso mar azul con el color de tus labios. Sé que mañana tu sonrisa volverá a iluminar mi corazón. Sé que mañana la luz de tus palabras cegará los pequeños puntos que se esfuerzan en derrumbar mi vida. Ven aquí y hazme grande con tus palabras…
-Te Quiero…
[Wahrheit]
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